octubre 23, 2014 by Debra Gittler

¿POR QUÉ NO GRITAN?

Hace una semana, Malala Yousafzai fue la persona más joven en la historia del mundo recibir el Premio Nobel.

“Los extremistas tienen miedo a los libros…Vamos a coger nuestros libros y bolígrafos. Son nuestra arma más poderosa. Un niño, un profesor, un bolígrafo y un libro pueden cambiar el mundo. La educación es la única solución”, manifestó Malala.

Alrededor del mundo, y especialmente en la prensa, hemos leído y escuchado la importancia de la educación contra la violencia y extremismo en el Medio Oriente.

¿Pero por qué no hay la misma indignación contra el extremismo en Centroamérica?

Según el Índice Social de Progreso los países que más sufren la taza de homicidio están detallados abajo: en los peores 20, con la excepción de Iraq, todos son países latinoamericanos y africanos.

Es importante destacar que en la República Central de África e Iraq están experimentando conflictos armados—guerras. Sin embargo, muchos países africanos y centroamericanos que están supuestamente en momentos de paz, tienen índices de violencia parecidos.


Lista completa acá

Y en los niveles de crímenes violentos, las tazas son aún más sorprendentes: los tres países del Triángulo Norte—Honduras, El Salvador, Guatemala—y México se encuentran en los peores 10 países del mundo. Otra vez, estos países en momentos de “paz” tienen índices de criminalidad casi igual que aquellos en momentos de guerra.


Listado completo acá

¿Por qué en Estados Unidos (y a través de las Américas) no escuchamos la misma urgencia para enfrentar la violencia, aumentar la educación y abrir oportunidad, en Centroamérica? ¿Por qué en EEUU, donde millones de residentes tienen su origen en estos países más violentos, donde más de 50% de los estudiantes en escuelas públicas representarán latinos, no estamos gritando por cambios?

No solamente los extremistas en Paquistán o ISIS en Iraq usan escuelas para mantener cautivo a su país; en El Salvador, las pandillas también usan escuelas como marcas de territorio, extorsionando los estudiantes, maestros—y a veces matando, también—para mantener control sobre la comunidad día tras día. Así, las pandillas mantienen cautivo el futuro de El Salvador, focalizando en jóvenes y estudiantes para aterrizar la comunidad.

Y en Guatemala y Honduras, los datos son parecidos. En México igual.

¿Entonces, por qué el mundo no grita por Centroamérica? ¿Por qué no reconocemos que la gente en los países del Triángulo de Norte también están sufriendo una guerra?

A Malala le disparaban y ahora es un líder mundial, una figura para representar esperanza.

Pero 57,000 niños, niñas y jóvenes que escaparon a pie, sufriendo hambre, violación, y ataques buscando el mismo derecho de estudiar en paz, son vistos como una amenaza.

Entiendo que los países del Medio Oriente tienen petróleo y Centroamérica no. ¿Medimos el valor de las personas por el valor de la tierra donde residen? ¿Una niña en Paquistán vale más que un niño en El Salvador?

Lo más triste, creo, es la presión que siento yo por comparar dos poblaciones que están sufriendo la pérdida de una generación. No debe ser Medio-Oriente o Centroamérica o África, debe de ser todos. Debemos gritar para que todos los niños tengan derecho de ir libremente a sus escuelas.

Debemos gritar universalmente por libros, bolígrafos y educación para enfrentar la violencia. No solamente en el Medio Oriente, pero en todas partes donde los jóvenes se mantienen cautivos por la violencia.

Debra Gittler
Fundadora y Directora Ejecutiva
ConTextos

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